T&L 89 – ‘Sesiones Underground #2: The Meatpies’

 

Sobre las ‘Sesiones Undergound’

Pocas cosas nos gustan más que la creación de nuevos contenidos para este universo disfuncional que gira en torno a la radio y llamamos Tímpanos y Luciérnagas. Fruto una vez más de nuestro empeño y de otra vocación habitual de la casa, la de encontrar socios por el camino que valoren la colectividad, nacen las ‘Sesiones Underground’. Gracias a David Manzullo y a los Locales Underground, que gestiona junto a Sandra Cristóbal, se ha creado un particular ecosistema musical nuevo en Murcia que ha recibido con las puertas abiertas a una especie en peligro de extinción como la nuestra. Unidos, y recolectando nuevas colaboraciones por el camino, iniciamos un formato que siempre hemos perseguido hasta contar, ahora sí, con los medios necesarios: el del programa-concierto de radio. Los cimientos ya están bien colocados, numerosos grupos flotan en nuestra cabeza y pasarán por aquí. La temporada que comenzará en septiembre promete y las dos primeras piezas (que incluyen audio y vídeo de lo acontecido) ya están listas. Cabe aclarar una cosa: empezamos nuestra aventura por el capítulo #2, ya que los caprichos de la informática han hecho que explote uno de nuestros ordenadores por los aires con el programa #1 en su interior. Lo recuperaremos en unos días, porque los datos se han salvado, y así podremos disfrutar de la estupenda sesión inaugural que nos brindaron Los Deformes.

Presentamos en esta edición de nuestras sesiones un disco redondo que se acaba de publicar desde Murcia para el trozo de mundo que quiera escucharlo. Después de unas cuantas escuchas y de verlo interpretado en directo, podemos decir que ese círculo que han conseguido cerrar bajo la idea del álbum conceptual contiene grandes canciones, interconectadas y arregladas con la pericia y dedicación del artesano clásico del rock. Los guiños al pop de juegos de voces, al folk lisérgico, a la música negra y, en definitiva el ambiente de banda real que transpiran, hace de The Meatpies una propuesta muy disfrutable. De ahí ha salido ‘Babyrousa’, que así se llama el disco, y en eso se basa nuestra charla con ellos entre intensas interpretaciones en directo de su nuevo disco y algún que otro regalo en forma de bis. Un placer, zagales.

– 25 Express
– Salvation
– Nicole
– Lullaby
– Voices
– Down The Road
– Sweet Candy (Inédita)
– Praise You (Fatboy Slim)

Fotocrónica: Un placer, señor Minott

Cálido, contenido, imperfecto, real… Muy real, con una pasmosa naturalidad y tempo pegajosamente tropical, así fue el concierto que ofreció el pasado viernes, en Musik, Albert Minott, embajador jamaicano del mento y uno de los acontecimientos de la temporada por esta zona. Estuvo bien rodeado por la solvente (y muy nuestra) The Ben Gunn Mento Band, que disfrutaron como enanos el merecido premio que les ha caído tras años de apuesta por esta música, origen de muchas cosas y expresión de tantas otras que componen la cotidianidad en Jamaica. Con algo de suerte añadida, los murcianos visitarán el mitificado país y grabarán música in situ, conmemorando algo así como el año del mento en un partido de vuelta que cerrará este pintoresco círculo abierto en Murcia. Hablamos, en definitiva, de música popular, que llega más al oyente abierto de miras en busca del pellizco natural de la canción que al afectado por el filtro de la sofisticación o cualquier otra impostura de las muchas posibles. A veces una voz bien quebrada basta para sugerirte toda una vida en un puñado de canciones en un bar cualquiera en Murcia. Un placer, señor Minott.

Escucha ‘Get a Life’, el nuevo disco de MOTT

Hay nuevo disco de MOTT.

No se puede esquivar la importancia del Miradoor Estudio en este trabajo que hoy escupen al mundo. Obviamente, está grabado allí, porque Marc Omega practicamente vive entre sus paredes maquinando cada vez más producciones de grupos diversos hasta que se le calienta el morro y dice “¡nosotros también queremos y sabemos cómo hacerlo!”. Entonces sale al monte y grita los nombres de Lars y Airon al cielo. Siempre aparecen y empiezan a tantearse hasta que tienen los ojos rojos y la vena hinchada. Y los temas se encadenan. Y es importante que estén ahí, en el Miradoor, al dente, con las válvulas crujientes. 

En lo técnico, su sonido, nos encontramos con una de las mayores virtudes de esta colección de canciones. Suenan a busqueda de la eterna juventud, a oscuridad desencantada, intensos, transparentes en sus referencias y despreocupados pese al desencanto. Su arma es esa despreocupación, que bien canalizada se traduce en naturalidad. Hay que saber producirla, también. Luego está el ruido, que es más bien su aliado, y yo diría que un vehículo que en este segundo disco los aparca en 2017, no tanto en esos 90 nombrados hasta el hastío últimamente. MOTT es un grupo de ahora haciendo música de ahora, como tantos otros y al contrario que muchos.

Y Marco ha podido colar al final su balada al final del disco.

El resto son riffs engorilados y una base rítmica endiablada. Dadle al play y disfrutad del conjunto imperfecto.

Ale, a hacer flashback: ‘Adiós Bicio Urbano’

Seguimos meneando nuestro archivo audiovisual y desempolvando piezas que nos trasladan a nuestros primeros pasos en la itinerancia radiofónica. El 2017 lo comenzamos sin el local de Bicio Urbano, uno de nuestros lugares favoritos. La tienda física cierra aunque el espíritu sigue y la venta online también. Pero claro, a efectos de radio, nos quedamos sin una de nuestras sedes. Solo le podemos decir gracias a Paco por su cálida acogida y su pasión por la música. Lo hacemos con este vídeo que sirve también para vernos trabajar un poco desde dentro.

¡Pájaro presidente!

Lo gritaría en su presencia. Él se reiría y pediría otra caña. O se enchufaría un cigarro. Quizá lo colocaría un momento en el clavijero de su guitarra mientras la templa, quizá no. Seguro que encontraría un giro con tintes cómicos para tan solemne y etílica proclamación. Andrés Herrera ‘Pájaro’ debería presidir algo, una república federal, alguna nación de naciones, el desierto de Tabernas, la comunidad en la que vive o su bar de cabecera. Algo. 

Si Donald puede, Andrés debe; si Mariano cuela, Andrés más; si Susana lo hace, Andrés lo haría mejor. O peor aún, pero con arte. Vivimos en la época del plástico y necesitamos héroes de madera noble, la que sirve para hacer la mejor música. “Pájaro” es su apodo y el nombre de su banda, que también está hecha de buena madera y preside muchos de nuestros ratos de evasión. Encima del escenario manda el crujido de sus válvulas, mezclado con retazos de esa literatura musical que los leídos le niegan al viejo Dylan, ruido evocador de la Sevilla inquieta buscadora de armonías de oro. A través de Pájaro llegas a muchos sitios, Silvio te abre la puerta con la copa en la mano al grito de “¡avanti con la guaracha!”, te pasea por una película de celuloide gastado con banda sonora de Manuel de Falla, Dogo, sus Mercenarios, los Saxos del Averno, Smash, Carosone, El Twanguero, Buscaglione, Veneno, Morricone e incluso la Banda del Cristo de las Tres Caídas de Tríana. ¡Vade retro, capillitas!, los verdaderos apóstoles paganos de la semana santa ya están elegidos. ¡Cómo no van a presidir algo!

El mundo ya se ha derrumbado, nos ha pillado en la red social de turno, una notificación nos lo confirmará. El apocalipsis ya ocurrió y a Pájaro le pilló tocando en un teatro construido con el humo de sus propios cigarros. No paran de fumar y trenzar instrumentos, han matado al ángel y no tienen tiempo para la redención. Su éxito es relativo, menor de lo deseado por su militancia fiel. La banca no perdona, siempre gana, y hay que tocar. Por mí que no paren nunca, menos aún ahora que vienen a mi ciudad con banda, por primera vez, con lo que cuesta hacer eso en los tiempos que corren. Presidirán el escenario del Teatro Circo, desde el que lo verán todo sabiendo que tú también vendrás.  

 Presidir es, entre otras acepciones, destacar en lo que haces. Andrés Herrera preside sin ensuciar su música con política, pero guiñándole el ojo al pensamiento crítico desde el escenario, sin perder el humor, mientras afina. No queremos más políticos. Queremos héroes de madera noble, flotar en la ensoñación eterna del desierto cinematográfico, tan vacío de obstáculos y lleno de referencias a la vez. Pájaro es la banda que te lleva a ese lugar por el camino más largo, pasan de las autopistas de peaje, hay mucho que ver hasta llegar al destino. Y parar en el bar. 

 Pájaro llega a la ciudad presentando ‘He matado el ángel’, un disco que comienza con un apocalipsis presidido por una corneta. El apocalipsis como principio, curiosa paradoja, me la quedo. 

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PÁJARO + VENCEJO

JUEVES 10 DE NOVIEMBRE

TEATRO CIRCO DE MURCIA, 21:00 h

Entradas aquí 

Ale, a hacer flashback: ‘Alien Tango en acústico en Chiribiri’

Teníamos una cámara de HD a todo confort para grabar lo que ocurriera aquella tarde en Chiribiri, pero nos faltaban manos, así que tuvimos que tirar también del móvil de nuestra anfitriona (Mati, gracias por el local y por el pulso con el móvil), por ejemplo en la canción con la que los zagales psicotrópicos de Alien Tango comenzaron su acústico en Casa Chiribiri, ‘Honey’. ¿No os gustaba el lo-fi? Era la primera vez que actuaban en este formato juntos y, según explicaron en el programa, apenas habían ensayado. Aún así, creemos que esta toma tiene un encanto especial. Frases como «I love you more than I love lasers» deberían quedarse para siempre en nuestro acervo cultural. Y a cambio podríamos eliminar la palabra «acervo».

Continuaron con ‘Dancing in the void’, groove y falsete, una combinación ganadora desde siempre. Para salir a la calle mirando sexy a la gente después de escucharla. Es una canción que funciona en todos los formatos, porque es buena y rescata los mejores fantasmas del pasado más negro y bailarín. En acústico destacan más aún los juegos de voces. Otro regalo para el programa y para todos los que prestan sus tímpanos y retinas al mismo, registrado por Víctor Martínez y montado sin muchos aspavientos. Gracias a la pareja de enamorados que posaron sentados a la entrada de Chiribiri.

Luego vinieron más, alguna inédita incluso y alguna sorpresa en forma de versión, pero si queréis escucharlas tendréis que hacerlo en el programa, que lo podéis encontrar AQUÍ.

Ale, a hacer flashback: ‘Con Bosco en la huerta de Moretti’

Seguimos jugando con la producción audiovisual y haciendo emerger hasta la superficie nuestro archivo. Con motivo de la publicación en vinilo del disco de Bosco hemos querido asomar la cabeza por un agujero espacio-temporal, hasta llegar a la tarde que compartimos con ellos, hace un par de años, hablando de su entonces recién terminado disco (sí, han tardado todo este tiempo en publicarlo en vinilo, ¡son como nosotros!). Y haciendo radio. Nuestro amigo Pablo Jordán se trajo la cámara y grabó el encuentro, como inicio que fue de la ‘turné’ sin fin que seguimos realizando. Ahora, montado como se merece, lo hacemos aparecer como un conejo de una chistera. ¿Llegaremos a inventar el «radiocumental»?¿Estará inventado ya? Como vamos a nuestro aire nos da igual.

PD: Por cierto, cumplimos cuatro años hace na’, valga esto mismo para celebrarlo.

Fotocrónica: ‘T&L en el Primavera de Oporto. Sábado’


ALGIERS:

Si dijera del todo la verdad, tendría que afirmar que a Algiers, americanos del sur, «los tengo en observación». Y es así porque no entiendo aún si lo que hacen es una música desprejuiciada y llena de aristas, fruto de la mezcla de géneros (post punk, gospel, pinceladas de industrial..) o algo excesivamente pretencioso. Tener así a un grupo, en cuarentena, sería en todo caso pretencioso por mi parte, así que digamos que simplemente es una banda que llama bastante mi atención. Fue mi primer concierto del sábado, aún calentando tras dos días de festival. En mi encuentro con Algiers en directo pude confirmar que esas aristas de su música no son tan profundas como esperaba y que a su efectiva propuesta le faltan algunas canciones más que me vuelen la cabeza para no quedarse en «efectista». Extraños y dramáticos cuando tiran de colchón experimental, algo más profundos e interesantes cuando alcanzan la plenitud del gospel oscuro que a veces persiguen. Tienen discurso político, querencia afroamericana en las melodías vocales y una intensa vocación interpretativa. A mí me faltaron canciones, como digo, pero ellos sudaron bien la camisa mientras saboreábamos las primeras cervezas frías de la jornada. Y dio mucho gusto pegarse un chute de negritud en un festival bastante blanquito por lo general. Pegadle una escucha.

 

 

CAR SEAT HEADREST:

Ya lo sabe todo el mundo que me acompañaba durante el viaje y los que han cometido la imprudencia de preguntarme sobre el festival. Tarareo las canciones de Car Seat Headrest a diario; y Will Toledo es muy joven; y ha grabado doce discos; y los tiene accesibles en Bandcamp; y suena a ese indie-rock-medio-nerd-old-school que tantas ganas de vivir ha dado a los inadaptados americanos y de medio mundo durante los últimos 30 años; y ahora ha fichado por Matador Records, que tienen el olfato fino, publicando un discazo, ‘Teens Of Denial’, lleno de himnos; y tiene cara de pringao pero un vozarrón; y sus compañeros de banda siguen las mismas coordenadas; y la gente (muchos insultantemente jóvenes como ellos) coreaba sus letras en las primeras filas; y suenan como un cañón; y dominan el arte de la canción pop sin descuidar la contundencia en las guitarras.

Y menuda brasa he pegado con el grupito durante unas semanas, pero creo que merecen la pena. Se trata de las canciones, siempre se trata de eso al final. Gran concierto el que hicieron, cuyo prólogo fue una versión libre del ‘Creep’ de Radiohead unas horas antes, cuando vieron que durante las pruebas de sonido, con el recinto ya abierto, se les acumulaban unas cuantas decenas de personas interesadas por ellos. Apunta el nombre, aunque sea largo.

 

 

TITUS ANDRONICUS:

Las batallitas en este tipo de crónicas parecen quedar bien, así que le haré un guiño a este subgénero contando que la primera vez que vi a Titus Andronicus, muy lejos de mi casa y compartiendo cartel con mis admirados Yo La Tengo, su cantante Patrick Stickles llevaba la misma barba frondosa que luce en ocasiones. Eso fue al principio del concierto, porque al final llegó sin barba y envuelto en una bandera de New Jersey, ya que decidió afeitarse en directo y de forma tan tosca como productiva para el espectáculo. Desde entonces soy admirador de esta banda, de una forma tan irracional como la que ellos emplean para contar sus interminables historias. Una canción punk de cinco o seis minutos no es normal, ese tono de neurótico entonando melodías de taberna para contar parrafadas literarias tampoco. Y como no es normal me gusta. Shane McGowan estaría de acuerdo, si sus piños nuevos no le han restado el poco juicio que le debe quedar entre tanto alcohol.

Resulta extraño su concepto de ópera rock (citan obras de Nietzsche o Jamison entre sus referentes temáticos), que en su última entrega se ha concretado en un disco con 29 cortes, ‘The Most Lamentable Tragedy’. No suele cuadrar todo esto que cuento con la realidad de sus directos. Porque podrían ser un rollo espeso y cultureta mirado sobre el papel, pero realmente son la hostia. Suponen una experiencia intensa y catártica, que abraza el punk rock pero con la sensación de que te han contado muchas cosas, pese a la eterna barrera del inglés en nuestro caso. Además, el bueno de Patrick estaba muy afónico la última vez que lo vi liarla parda hace unos años y en esta ocasión rugía como un bellaco. También son uno o dos menos, sin que por ello se resienta el concierto. Su próximo disco será en directo, por cierto, a ver qué tal.

Qué gran día fue este sábado en Oporto, cómo nos dejamos apalear a guitarrazos. La cara oscura del asunto es que nos perdimos a los esperados Drive Like Jehu porque actuaban a la vez, hubo que elegir.

 

 

TY SEGALL & THE MUGGERS:

Una vez me crucé Memphis con amigos para llegar a una pequeña tienda que se llamaba Goner Records. Fue lo más parecido a una peregrinación que hemos hecho en nuestra vida. Un calor asfixiante, un sitio muy lejano pero sorprendentemente familiar, dentro de nuestro mundo particular de tiendas de discos, cocheras y locales de conciertos desconchados. Era 2011 y llevaba algún tiempo medio obsesionado con Jay Reatard, que nació allí, donde también murió prematuramente en 2010 tras ponerse hasta el culo. Mientras tenía mi copia del ‘Blood Visions’ en la mano, lista para llevármela a casa, me acordé de mi amigo Costalero y su “acho, tráeme algo”. Le compré una chapa feísima, pero era de la portada del ‘Melted’ de Ty Segall, un zagal jovencico con incontinencia creativa que ya estaba haciendo mucho ruido. Pese a venir de la Costa Oeste y, a priori, no compartir escena, siempre lo he ligado mucho a Jay Reatard, por su asombrosa capacidad de proyectar el ruido, añadiéndole encanto pop sin perder actitud por el camino. De hecho, para mí era el legítimo depositario del cetro real de la bestia del garage punk de Memphis. Aunque sabemos el chupe que supone una monarquía para un estado, en el fondo tenemos la cabeza llena de mierda monárquica y acabamos viendo lógico que, muerto el rey, necesitemos un sucesor que cubra el hueco.

Todo eso, salvo que alguien se manifieste a favor, ocurría (y ocurre) solo en mi cabeza, que siempre aparece algún listo que te enturbia tu maravillosa historia con interferencias. Si tú tienes otra historia, escríbela, ésta es la de mi cabeza.

La misma cabeza con ojos, llena de música, que flipó con el ‘Twins’, le hizo un hueco a White Fence y Mikal Cronin en su imaginario particular gracias a sus discos compartidos con Ty, descansó del ibuprofeno con el genial y reposado ‘Sleeper’ y vio al californiano tocar techo con ‘Manipulator’, que ha llegado a mucho público porque es muy bueno, no se me ocurre otro motivo (su presentación en Madrid fue una bacanal de distorsión). Ty Segall se ha convertido en una especie de sucio predicador con mono de trabajo que mantiene la calma, soltando su letanía mientras su banda toca a la máxima intensidad y la gente se da capones en las primeras filas. Tiene loca a la juventud y a los aspirantes a puretas por igual, la senectud musical no le acaba de dar la aprobación del todo. Su aventura con The Muggers está claramente orientada al directo (el disco no está mal pero los ha hecho mejores) y ahora mismo están mandando en lo suyo, haciendo grandes bolos. Lo mismo no te gusta, así va esto, pero si vives en esta época y sueles hablar de rock’n roll no deberías obviarlo. No iba con la intención de hacer pogo y acabar sudado de noche, pero acabé rompiéndole el flash a un fotógrafo con la cabeza. Sin querer, claro. Con esto y la foto, creo tener la crónica del concierto de Oporto hecha. Ah, terminó con un contundente ‘L.A. Woman’ de los Doors, saturándola para nuestro gozo comunal. Todo ocurrió en el mejor escenario del festival, el conocido como ATP antes de la quiebra, ahora denominado con un simple “.” .

 

 

ROYAL HEADACHE:

Shogun es Royal Headache. Sus compañeros («sin ellos todo sería peor para mí») también, claro, pero sin él no existiría el grupo. Más bien sin sus fantasmas, los que le amargan la vida a diario y se convierten en canciones de estructuras mínimas y gran carga emotiva. Hay mucho desamor en general en Royal Headache, en formato rabioso, todo el rato como gato panza arriba. No sé si un gato podría estar tan desencantado pero Shogun sí. Hace un par de días mi compadre Alfonso me enseñó una entrevista del Ruta 66 en la que lo explica todo.

«Siento el peso de esa gran losa, saber que la banda está viviendo su mejor momento y que al mismo tiempo yo me siento tan roto. Todo el mundo nos dice que disfrutemos del éxito, pero para mí esto es el vivo retrato de un fracaso personal». Así lo expresa y así es literalmente, ya que su gran desengaño vertebra su música. «Es por eso que me sentía un poco incómodo con la gira europea», dice, «pero no puedo cantar más esos temas; las conversaciones acaban girando en torno a ese disco y es mentalmente agotador».

Tras el debut del grupo, Shogun ya colapsó, volviendo a su curro gris, que dice aportarle estabilidad, con la vuelta unos años después han triunfado más todavía gracias a que ‘High’ les ha quedado redondo y es un disco muy sincero. En directo, su sinceridad emotiva se intensifica al verlo menearse por el escenario en una perpetua crisis nerviosa, mientras sus compañeros tocan impertérritos. Su voz impresiona, el resto de músicos la sostiene ante la fragilidad que esconden sus rugidos. Me gustó, es uno de los grupos que más escucho últimamente, pero también me abrumó tanta inestabilidad. Un poco antes de terminar el concierto soltó un crudo y seco «almost finished» con un marcado y urgente acento australiano que dice mucho de la forma en la que éste hombre se comunica, a borbotones.

 

Fotocrónica: ‘T&L en el Primavera de Oporto. Viernes’

 

DESTROYER:

El jueves terminó relativamente temprano para nosotros, en cuanto a conciertos se refiere. Teníamos fuerzas reservadas para un viernes cuya primera decisión derivaba del solape entre Cass McCombs y Mueran Humanos, dos propuestas apetecibles, pero muy distintas para comenzar la jornada. No tuvimos que elegir al final, porque nos perdimos a los dos por nuestra tendencia a alargar las comidas. Estaba claro, llegaríamos directos a Destroyer y sería un comienzo ideal, al ritmo de las historias de Dan Bejar, empujadas por ese groove de la dejadez tan característico. Ocho músicos sobre el escenario acompañándole (tercer saxo del festival incluido),  para aderezar un repertorio con algunos de los clásicos contemporáneos marca de la casa, como ‘ Chinatown’, ‘Kaputt’, ‘Song For America’ o la más reciente ‘Times Square’. La cosa estuvo repartida, aunque el mayor protagonismo se lo llevó su último disco, ‘Poison Season’, algo más oscuro y vinculado al concepto de rock que manejan en casa Destroyer. Da igual el género, toca varios pero todos suenan a él. La luz del atardecer y un ligero viento te componían algunas fotos curiosas para completar el disfrutable momento. Gran sonido, por cierto, algo que fue la tónica del festival.

 

BRIAN WILSON performing PET SOUNDS:

Hay gente a la que le pasa algo muy parecido a lo que le ocurría al tío de Engé Ndomo cuando veía a su sobrino en ‘Amanece que no es poco’ y salía corriendo al grito de: «¡Coño, un negro!». Cambia al negro por un músico anciano y tendrás la ecuación a la que me refiero. Brian Wilson es viejo, efectivamente, lo podemos notar en sus canas, sus movimientos seniles, su voz castigada y también en el hecho de que homenajeaba un disco que le costó mucho sacar a la luz hace ¡50 años! Pero lo publicó, convirtiéndose en una obra de referencia para la historia de la música contemporánea por su variedad  estilística y las, por entonces, arriesgadas piruetas instrumentales que contenía. El pop siempre ha sido permeable desde aquellos años, en parte gracias a mentes inquietas como la de Wilson. Como público, cada uno elige, si quieres que hoy te canten historias como estas en primera persona tiene que ser un viejo el que lo haga, o doce, como era el caso, pero no es de buen gusto restregarle sus achaques a la gente. Brian ponía las canciones y a los que nos gustan nos toca poner la ternura y la comprensión, ley de vida. En lo estrictamente musical, el espectáculo consistió en un repaso inicial a varios de los hits de los Beach Boys, entre los que destacaría una emocionante ‘Surfer Girl’. Tras el calentamiento playero, se tocaron íntegro el ‘Pet Sounds’ con sorprendente fidelidad en algunos detalles. No es un disco de ritmo frenético, con lo que tampoco noté tanto aquello de lo que avisaban algunas crónicas acerca de un tempo más ralentizado, otra vez fruto de la dichosa edad. La historia de los Beach Boys y del propio Wilson está llena de éxito y contratiempos, de fidelidades y traiciones, pero sobre todo de inmortales canciones. No añadamos los prejuicios a estas alturas de una película que ya está rodada. El simple hecho de ver sobre el escenario, junto a Brian, a su inseparable Al Jardine nos habla de toda una vida dedicada a la música. El aura del momento, que ocurrió al atardecer, era de corte otoñal pero para nada triste. ‘Wouldn’t It Be Nice’, ‘God Only Knows’, ‘Sloop John B’, para qué seguir enumerando, fue bonito, entrañable y muy bien interpretado.

 

 

DINOSAUR JR:

Fue, para mí, el peor solape del festival. Mientras la banda de Brian Wilson tocaba los últimos compases del ‘Pet Sounds’ se escuchaban a lo lejos los acordes atronadores de Dinosaur Jr. Los he visto muchas veces en directo y nunca me han fallado. Siempre intensos, evocadores de un agujero espacio-temporal en el que solo importa la sencillez formal, el doctorado en feedback, los amplificadores al 11 y la sobriedad escénica mientras en el público están explotando las cabezas de placer por el ruido y sus melodías eternas. Impertérrito J. Mascis, engorilado Lou Barlow, aporreando los parches con sus gafas de cerca el bueno de Murph, y que sean muchos más. Obviamente, al no tener el don de la ubicuidad me perdí medio concierto pero salí cortando a fotografiarlos, corearlos y pegar los saltos de rigor. La gente hacía pogo, surfeaba las cabezas y sonreía. Los Dinosaur son de la familia, los queremos. El repertorio da igual, sabéis que siempre mola.

 

 

 

PJ HARVEY:

Al ritmo marcial de ‘Chain Of Keys’ comenzó el mejor concierto del Primavera de Oporto de 2016. Polly Jean reventó desde el primer minuto el termómetro de la elegancia, rodeada de su harén rítmico particular, compuesto por nueve señores músicos de mediana edad. Todos vestidos de negro riguroso. Ella también, deslumbrante y armada con un saxo, instrumento muy presente en su nuevo disco (de hecho, ella es saxofonista desde su adolescencia) e inteligentemente mezclado con el resto.

Basta de tibiezas, ‘The Hope Six Demolition Project’ es un gran álbum y además crece en directo. No sé bien cuando empieza la madurez, pero si es eso lo que está viviendo PJ Harvey, coincide con su mejor momento creativo. Siempre ha sabido combinar la temática que le ha interesado en cada época con el planteamiento instrumental adecuado, la puesta en escena efectiva e incluso ha moldeado una estética certera como puerta de entrada visual a su mundo. Su atrevimiento primero, las adecuadas alianzas después, siempre sumando. El resultado, casi siempre, un nuevo escalón hacia la gloria. Y ahí parecía encontrarse, así estábamos nosotros durante el concierto, en la gloria compartida. ‘Let England Shake’ y su posterior gira ya supusieron un atractivo giro de timón al principio y una ovación generalizada al final. La riqueza lírica y melódica de aquel disco envuelve a éste, compartiendo protagonismo con otra PJ más accesible en las melodías, menos ambiciosa en la búsqueda del misterio, pero muy poderosa y directa tras toda una carrera dedicada al rock’n roll más creciente y poliédrico. Hace tiempo que no es solo una chica dura con una guitarra, sino una de las mejores artistas de su generación, una referencia capaz de asumir el papel, reventando las barreras del género sin más doctrinas que su música.  Tocó prácticamente todo su último disco, salvo una canción, repasó grandes piezas del anterior porque ya son imprescindibles en su repertorio, en un bloque de tres canciones. Se asomó al ‘White Chalk’, al venerado ‘Rid Of Me’ (despeinando al personal con ’50ft Queenie’, quien tuvo retuvo) y al ‘To Bring You My Love’ por partida doble, incluyendo el tema homónimo. Así nos desarmaron, rematándonos con ‘River Anacostia’ una bella pieza de cierta inspiración gospel que terminó a capela, casi a oscuras. Cuando nos marchábamos le comentaba a una amiga: «¿Para qué coño pide la gente un bis? Si ha sido perfecto». No volvió a salir al escenario, ni falta que hacía.

 

Fotocrónica: ‘T&L en el Primavera de Oporto. Jueves’

Es la segunda vez que nos decidimos por Oporto para disfrutar de esa cita que revoluciona durante estas fechas a los melómanos del mundo, el Primavera Sound. Quieras o no, te guste o te moleste, esta marca se ha convertido en referente internacional con todo lo que eso conlleva. Dejando las miserias (artículos en contra, revanchas varias, críticas lógicas, indiferencia hacia el formato festival…) a un lado, que las hay si uno busca, la programación musical que incluyen los carteles del Primavera Sound es sólida, llamativa y te asegura varios momentos gloriosos en cada edición. Y es que soy de mucho disfrutar la experiencia completa, pero a los festivales por lo general voy por la música y luego va ocurriendo el resto. Así que, al tajo:

 

DEERHUNTER

Me parece un inicio inmejorable para un festival. No es la primera vez que los veo en directo. De hecho, sin contar algún encuentro con Atlas Sound, creo que debe ser la tercera vez que recuerdo disfrutar de la música de Bradford Cox y compañía. La primera que me quedó grabada fue muy psicodélica y etérea, la segunda, también en Oporto, cruda y sucia como correspondía a la presentación de su anterior LP, ‘Monomanía’. Esta ocasión fue la más pop de todas, me encontré con unos Deerhunter accesibles y redondos, con sus articulaciones melódicas bien engrasadas. Mezclaron temas de varias épocas con los de su última entrega, ‘Fading Frontiers’, que quizá goza de un peso menor en su discografía pero ofrece algunos momentos álgidos que colorearon muy bien el concierto. La sensación fue la de encontrarse con un viejo amigo y que te salga del alma decirle: «qué bien te veo». Precisamente coincidió con el momento de encontrarnos literalmente a unos cuantos amigos y darnos unos abrazos mientras intentábamos no perdernos detalle con el rabillo del ojo. El final del concierto fue bailongo, gracias al groove enfermizo de ‘Snakeskin’, una de sus últimas dianas, saxo incluido. Por cierto ¿vuelve el saxo con fuerza?¿Alguna vez se fue?¿No estaba denostado?. Muy bien Deerhunter y sus conciertos que nunca te dejan indiferente.

 

JULIA HOLTER

Con el concierto de Julia comenzó uno de los típicos debates de festival, sobre la conveniencia de programar esto o aquello a según qué horas. O la necesidad de que algunas propuestas cuenten con una alternativa más o menos opuesta. Vamos, que el primer día de festival a las nueve de la noche hay gente que quiere que le den un buen empujón  y otros que disfrutan de una subida de ritmo amable para no descarrilar. Yo suelo ser de los del empujón, pero me gustan las canciones de Julia Holter y la forma en la que las arregla en directo. Influye el hecho de que la conocí cuando actuó en Cartagena, en la Catedral Vieja, un escenario en el que ella misma estaba flipando por la magia que implica. A priori, el del Parque Da Cidade de Oporto, con su vegetación y cuidadas laderas, también lo era, pero entre el público amante de la velocidad había cierta inquietud y ningún plan B. Y después era el turno de Sigur Ros, iba a faltar café. Estas sensaciones, extraídas de los que me rodeaban, suponían cierta presión para el disfrute pleno de la experiencia. Aún así lo conseguí, y entre inevitables conversaciones (somos un animal social, no olvidemos) me metí de lleno en algunas melodías y recibí con gusto un formato tan poco «festivalero» como el de teclado, contrabajo, violín y batería, con un saxo ocasional, segunda aparición de este instrumento en el festival. Valiente Julia Holter y muy atractivo su último disco, ‘Have You In My Wilderness’. La próxima vez sentado y en silencio.

 

SIGUR ROS

Lo intentamos, pero poco. Lo que hablábamos antes de la velocidad, si el cuerpo te va pidiendo un poco de cachondeo solo acepta que lo frenes a cambio de canciones que te gusten, lo que sostiene un buen concierto. En el caso de Sigur Ros no me pasa eso. Ni los he seguido nunca, ni conozco bien su obra, ni me apetecía verlos en ese momento, con lo que era imposible que aguantara su propuesta. A su favor diré que sonaban como esos ángeles a los que parecen evocar y que cuentan con una puesta en escena espectacular en producción y juegos de luces. Todo en el buen sentido, con algún bostezo pero sin rencores. Como seguía sin haber Plan B musical, nos fuimos a cenar y a beber un poco, preparándonos para tocar el techo de la jornada un rato después. Aprovecho para mencionar la variada oferta gastronómica de la zona de jalar, con su moderado sobreprecio pero buen sabor en general.

 

PARQUET COURTS

Con la barriga llena, los ojos rojos y los pies descansados nos plantamos ante una de las sensaciones continuas (no dejan de serlo) de lo que cada uno denomina como le apetece, pero yo reduzco a un simple concepto: rock. Para mí es eso lo que ejecutan a la perfección Parquet Courts, música rock con los dos pies bien plantados en la época que vivimos, sin miedo a las influencias pero con la punta de la lengua siempre bien cargada, preparados para escupirle a los etiquetadores compulsivos. ¿O acaso el fraseo hipnótico con el que sueltan sus versos no es una forma elegante de escupir? Son rudos para hacer música y eso te hincha el pecho, pero cada vez acentúan más su huida de lo obvio. Ya comienzan a impresionar con intensos desarrollos instrumentales basados en su característico trenzado de guitarras crujientes. Parecen estar en un momento estupendo, con su último (y quizá mejor) disco, ‘Human Performance’, que todavía quema y embrutece a la gente. Te atrapan porque son como tú, pero saben quejarse mejor, hasta el punto de convertirse en lo más parecido a un cronista oficial de lo cotidiano que podrías soportar.