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Una web de Alfonso Zaplana Pérez.

“Venga, dilo otra vez…”, para LaTribuna del Noroeste

Artículo publicado el 24 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Comentaba la semana pasada el caso de esos grupos que conozco desde hace muchos años y a pesar de que me llaman la atención, nunca he tenido tiempo de pararme a escucharlos con detenimiento. Al hilo de este asunto, enlazando también con algún texto anterior, me vino a la cabeza otro tema recurrente en esas “tertulias” sobre música que, aprovechando cualquier excusa, suelo improvisar con mis amistades. Son esas bandas que determinados medios de comunicación quieren colar en nuestras vidas aunque sea con calzador… y no, no estoy hablando de música mainstream.

 

¿Por qué no hago caso a estos grupos? Porque, si nos centramos en propuestas musicales, se me ocurren demasiadas cosas mejores en las que ocupar mi tiempo libre. Saldar mis dichosas “deudas”. Escuchar “La pared” de Bambino una y otra vez. Comprobar que “La Macarena” de Los del Río se parece sospechosamente a una canción que publicaron Desmadre 75 hace casi 40 años. Descubrir nuevos discos de Neil Young, que ha publicado unos 50 desde mediados de los 60 y aún me faltan muchos. Pinchar un recopilatorio con los grandes éxitos de Antonio Machín en vinilo. Prestarle atención a bandas como Derrick o Arsenal (por mencionar dos que se me escapó citar hace un par de semanas). Investigar si por fin Drenthe ha dejado el fútbol y se ha pasado al hip hop. Fliparlo con la banda sonora de Django Unchained de Quentin Tarantino. Preguntarme por qué no conocía hasta hace unos meses a Sixto Rodríguez. Gritar que a veces sólo me apetece escuchar a Mike Patton… ¡y que os calléis!

 

En realidad, de forma ajena a mi voluntad (salvo contadas excepciones), los he escuchado, bastantes veces incluso… y por más que me insistan, no me interesan. Me da igual que ganen premios (si eso supone algún mérito hoy en día), que estén en boca de todo el mundo o que en sus conciertos el aforo esté siempre completo, prefiero seguir fiel a mi rollo y a mis sensaciones que dejarme llevar por la marea. Así que os lo pido de corazón, como diría Ortega Cano: ¡dejadme en paz, dejadme vivir! Porque, en definitiva, ¿qué mas da que escuchemos a unos o a otros? Si al final el único que vende discos en España es Pablo Alborán…

 


 

“6.000 pesetas de whisky”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 17 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

¿No habéis tenido nunca la sensación de que por más grupos que escuchéis, por más bandas que descubráis, siempre quedan demasiadas por conocer? Deberíais… En realidad es lo normal. Voy más allá, ¿nunca os ha pasado que conocéis un grupo desde hace muchísimos años, os llama la atención, sabéis que os va a gustar, pero por razones varias nunca termináis de prestarle su merecida atención? A mí continuamente. Tengo incluso sentimiento de culpabilidad, son como deudas pendientes. Me ocurre como a José Luis Torrente con Antoñito, el camarero interpretado de forma única e irrepetible por Cañita Brava, es como si les debiera eternamente “6.000 pesetas de whisky”.

 

Ellos me lo recuerdan cada cierto tiempo, publicando nuevos trabajos, y yo sigo igual, diciendo que voy a pagar… pero sin saldar la deuda a la hora de la verdad. Al contrario que le pasaba a Torrente, lo mío no es por falta de ganas, es que las circunstancias no ayudan. Habrá quien diga que no tengo excusa, que hoy si no escuchamos algo es porque no queremos, lo tenemos todo al alcance de un clic. Le doy la razón, pero la cuestión no es escuchar algo o no, es hacerlo con detenimiento, disfrutándolo, empapándose con las canciones como merecen… y esto a mí me resulta cada vez más complicado, esta inmediatez y facilidad para poder escucharlo casi todo tiene sus ventajas evidentes, pero es también un inconveniente.

 

Pensad en los 90 y las décadas previas (cambia de época en función de tu edad), la música que íbamos conociendo en aquellos años se nos quedaba grabada a fuego en la mente. Nuestras colecciones de discos crecían a marchas mucho menos forzadas que lo hacen ahora y con lo que costaba conseguir nuevo material, lo aprovechábamos bien. Cuando caía en nuestras manos un nuevo disco que nos gustaba lo escuchábamos hasta quemarlo… En la actualidad conozco muchísima más música que hace algunos años, pero veo prácticamente imposible que jamás vuelvan a calarme tanto los nuevos descubrimientos como lo hacían entonces. Hoy en día, ¿cuántos discos escuchamos una o dos veces en Spotify y nunca volvemos a darles otra oportunidad? ¿Es posible estar al tanto de las novedades discográficas que van surgiendo y no olvidarnos de echar la vista atrás de vez en cuando en busca de aquellos artistas que nunca deberíamos haber dejado de lado? Difícil tarea…

 

No obstante, aunque sé que tengo la batalla perdida de antemano, sigo intentando abandonar mi condición de “moroso” cuando el tiempo me lo permite. Es por ello que, como ya hice en otras ocasiones con grupos como Bracket (el típico grupo del que conoces un par de temas de algún recopilatorio, pero nunca has escuchado un álbum completo) o Talking Heads (uno de esos imprescindibles que se te escapa durante años y ni uno mismo se explica cómo), aprovecho cualquier excusa o casualidad para ponerme al día: por ejemplo, mientras escribo este texto suena en mi reproductor el disco homónimo de Tortoise, publicado en 1994. El siguiente turno lo tengo reservado para Redd Kross, aunque después de haber escuchado algunas canciones del álbum que publicaron el año pasado, me temo que ‎6.000 pesetas de whisky no van a ser suficiente…

 


 

El bueno, el feo y el Mena + Crudo Pimento @ El Quirófano, La Arboleja

 

A finales de 2011 Mena se presentaba en sociedad acompañado únicamente de su guitarra, su voz profunda a lo Johnny Cash y su gallardo bigote. En este formato individual registró sus primeras grabaciones, influenciado, según el propio autor, por el folk rock americano, el blues, Hank Williams, Woody Guthrie, las películas del Oeste y el “White album” de The Beatles. El tiempo ha pasado y lo que comenzó siendo un proyecto en solitario se ha convertido en un sugestivo trío musical, completado por Leandro Martín-Romero (Tea Baggers, Octubre, ex Playmovil) y Juan Luis García (Los Alambres, Lebowsky, ex Playmovil), que convierte las estupendas canciones de Mena en algo “colosal”, capaces de eclipsar hasta la más complicada de las camisas. O al menos es lo que pensé yo después de verlos tocar en directo el pasado 29 de diciembre.

 

Está previsto que entren a grabar nuevas canciones en apenas unos días en el estudio El Miradoor de Alhama de Murcia. Mientras tanto, sigamos disfrutando de ellas en vivo. El domingo 13 de enero actúan el espacio cultural El Quirófano de La Arboleja, en medio de la huerta murciana, a partir de las 18 horas. Comparten escenario con Crudo Pimento, la última aventura sonora de Raúl Frutos, en la que sigue demostrando su habilidad para fusionar estilos como la cumbia o el bluegrass sin prejuicios y su temple para hacer musicalmente lo que le da la gana en cada momento.

 

“Murcia: temporada 2012-2013″, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 10 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Cuando hablamos de música, estoy de acuerdo con aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo comentaba hace una semana, mis tres discos favoritos de 2012 se publicaron en 1972, 1975 y 1996 respectivamente. Pero tampoco se puede obviar que, a pesar de ello, seguimos teniendo muy buena música y recomendables grupos que escuchar en la actualidad. De hecho, aunque no siempre tengan el reconocimiento que merecen, creo que las bandas de la Región de Murcia son un buen ejemplo de esto. Nuestra escena musical goza de buena salud y, estando todavía en las primeras semanas del año, quiero aprovechar este espacio para enumerar algunos ejemplos de murcianos que están haciendo cosas interesantes en este campo, poniendo la vista en el pasado cercano y en el futuro inminente.

 

Aún quedan recientes varios trabajos que no se pueden dejar pasar sin poner el acento en ellos. Músicos que se han ganado a pulso durante varias décadas el reconocimiento y la atención, como es el caso de Juan Antonio Ross, Los Marañones o Schwarz, y también grupos que con su irrupción han renovado el panorama y han aportado, aparte de frescura, el necesario equilibrio entre veteranía y juventud. No se me ocurre un ejemplo mejor para representar a esta segunda categoría que Perro, que precisamente despidieron el 2012 con la publicación durante la última semana del año de “Singles brasileñas”, una selección de canciones de sus maquetas regrabadas para la ocasión y un avance de lo que será su siguiente trabajo, a publicar durante el 2013.

 

Podría entretenerme revisando el 2012, hablando de los antes citados o de las últimas ediciones de otros que considero destacables, como Klaus&Kinski, Alondra Bentley, Neuman, Lidia Damunt, Those, Nunatak o Los Alambres. Pero mejor entremos ya de lleno en el ejercicio en curso, como veréis, hay razones para ello. Este año, aparte del disco de Perro, tendremos el segundo EP de Tea Baggers, el primer largo de The Crime y el EP de debut de Siberian Girls. También se esperan nuevas canciones de Lebowsky, de Murciano Total (con sus videoclips incluidos), la continuación de la serie de singles virtuales de El Estudiante Larry y las nuevas locuras de Mad Mao & The Tse Tungs. Además, Germán Beteta (Guillermine, Stefunny 6) ha prometido novedades en esta nueva temporada. Aún hay más: el ansiado álbum de Trastorners está anunciado para 2013, el quinto disco de Cherry está ya en proceso de grabación, en verano vuelven a entrar en estudio Octubre (aunque puede que tengamos que esperar hasta 2014 para escuchar el resultado), este mismo mes El bueno, el feo y el Mena entran a grabar en El Miradoor de Alhama de Murcia y está previsto el estreno en vinilo (ya se puede escuchar en Bandcamp) de Raúl Frutos con su nueva aventura sonora, Crudo Pimento. A ver si hay suerte y hace doblete con The Ben Gunn Mento Band…

 


 

“De listas de mejores del año… o algo”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 4 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Ahora sí. Ha llegado el momento de hablar de los mejores discos del 2012. O casi. Porque siempre que alguien me pregunta por el tema, respondo que no creo que a nadie le interese cuáles son mis discos favoritos del año. Seguramente esté en lo cierto, aunque en realidad el motivo para no hacerlo no es ese, es que me da una pereza tremenda, por todo lo que ello conlleva. El simple hecho de tener que hacer recuento de los trabajos que se han publicado durante el año ya me da vértigo y si entramos a revisar las listas que han ido dando a conocer los medios especializados durante los meses de noviembre y diciembre, la cosa se pone tan complicada que mejor me ahorro la mía… Bastante tengo con aprovechar para tratar de descubrir esos grupos (o esos nuevos álbumes) que se me han ido escapando o que he ido dejando pasar sin escucharlos por falta de tiempo, es el único sentido (y utilidad) que le veo a esto de los tops. Porque eso de tener que ordenar los discos y de hacer listados con cupos concretos siempre me ha recordado más a Los 40 Principales que a lo que, a mi modo de ver, debe ser una publicación especializada en música.

 

A estas razones comentadas habría que añadirle otra más significativa si cabe. Un resultado de los tiempos que corren y de la sobrecarga de material sonoro. Y es que, siendo sincero, si me pusiera a elaborar un listado, creo que muchos de los discos que aparecerían no los he escuchado con la atención que se merecen y estarían incluidos en el mismo más que por el álbum en su conjunto, por intuición y por las buenas sensaciones que me transmiten unas cuantas canciones. Es lo que tiene la conjunción entre hacer un programa de radio, el uso de Spotify y el streaming en general y la generalizada costumbre de los grupos y los sellos discográficos de ir dando a conocer sus nuevos trabajos por entregas, que a veces más que discos parecen coleccionables. En este contexto, me pregunto muchas veces si merece la pena que algunas bandas sigan grabando discos largos. Más aún cuando muchas de ellas apenas distribuyen unos pocos cientos de copias en formato físico o incluso no llegan a fabricarlas y distribuyen su música en formato virtual a través de plataformas como Soundcloud o Bandcamp. Cada día que pasa veo más acertada la idea de mis compadres de El Estudiante Larry, que durante el 2012 se han dedicado a ir lanzando cada cierto tiempo tandas de dos canciones exclusivamente a través de la Red.

 

A pesar de lo dicho, tengo la costumbre y el compromiso de colaborar cada año en la lista de mis amigos Chema Helmet y Miguel Tébar para Festivalesdepop.com, en la que recopilan las opiniones de sus allegados dentro del mundo de la música, que son unos cuantos. Así que, a bote pronto, lo primero que me viene a la cabeza pensando en el 2012, musicalmente hablando, es que me han gustado los discos de Betunizer, Toundra, Beach Beach o The Evens, por ejemplo. Sirvan estos nombres como aportación personal a la causa. Otro día quizás fueran otros, hoy se me ocurren esos. Aunque si me paro a pensar en mis verdaderos discos favoritos de 2012, diría que son “Zuma” y “Harvest” de Neil Young, o “Do you know who you are?” de Texas is the Reason, del que ya hablé aquí hace algunas semanas. Esos vinilos que he disfrutado escuchando en los necesarios y siempre insuficientes momentos de calma. Evidentemente no son de 2012, pero… ¿a quién le importa eso realmente?