AVANT FESTIVAL (1er DIA)
01-08-03, Castillo de Soulheil (Fuengirola, Málaga)

Uno de los lugares más bonitos y frescos para hacer un concierto en pleno Agosto, el Castillo de Solheil, fue el lugar donde tuvimos la oportunidad de ver a Tortoise y a Mogwai. Todo esto dentro de la programación de un festival jovencísimo (este es el segundo año), de una duración de tres días, y en el que podíamos encontrar a bandas de la talla de (además de los mencionados) Alpha, U.N.K.L.E, Explosions in the sky, Mouse on Mars y un acertado etcétera. Acudimos el primer día del festival.
El concierto comenzó con dos bandas nacionales: Notes to Myself, y Velhocido, grupos incluidos dentro del espacio para "bandas noveles", donde se les dejó lugar para darse a conocer.
El grupo que inaguró el festival fue Notes to Myself. El conjunto caminaba, a pasos entrecortados, entre las melodías preciosistas de unos Mogwai y el emo-experimental de A Room With a View. Muy bien por la banda, porque dejó a el público asistente bastante contento.
Los siguientes, Velhocido, en un concierto algo más corto mostraron su capacidad para llevar sus canciones desde un ambiente post-rock a uno mucho más jazzero en el momento en que las trompetas comenzaban a sonar. En solo cuatro o cinco canciones que tocaron supieron tener al público también de su lado.
Terminaron las bandas noveles y se preparó el escenario para la aparición de Hood, banda de lo que suele denominarse como indietrónica. Al parecer, tuvieron algunos problemas con la mezcla de baterías y bases electrónicas. También hubo serias críticas a la banda debido a que introducían demasiadas programaciones en lo que debía ser un concierto en directo. Desde mi punto de vista, fue la banda menos interesante del primer día del Avant Festival.
Uno de los grupos más esperados, Tortoise, aparecieron con todo un catálogo de instrumentos, dispuestos a hacernos disfrutar de uno de los mayores y mejores espectáculos musicales que alguien pueda gozar. Encima del escenario podíamos ver dos baterías, guitarra y bajo, xilófono, métalofono, vibráfono, y muchos, muchos aparatos dispuestos a expulsar sonidos electrónicos de una manera increíble.
Durante el concierto, dieron un repaso a los mejores temas de todos sus discos, desde Séneca hasta el bis con I set my face to the hillside, pasando por The taut and tame y Along the banks of rivers , todo ello pasado por las manos de estos multiinstrumentistas, que, igual tocaban la batería que el vibráfono, o el sintetizador. En fin, una delicia.
Al ver a Tortoise es cuando uno se da cuenta de que se las está viendo con una banda de jazz, la cual deja rienda suelta a la improvisación más desmedida dentro de sus propias canciones. Puedes comenzar a escuchar una de ellas, reconociéndolas perfectamente, y poco más tarde ver como hacen "ligeras digresiones" en las que casi desaparece la canción y minutos después volver a enlazar con la canción que habían comenzado. Es con grupos del talante de Tortoise cuando podemos decir que la música es un arte.
Finalizó el concierto de Tortoise y comenzaron los preparativos de Mogwai. El público decidió quedarse en su lugar para tener una buena vista del concierto, aunque realmente se podía disfrutar del concierto perfectamente desde casi todos los lugares del recinto (es decir, los músicos no se veían como pequeñas moscas).
Al saltar el quinteto escocés al escenario cogieron los instrumentos (bajo, batería y ¡tres guitarras!) y se prepararon para darnos una buena dosis de rock explosivo. El repertorio que Mogwai nos brindó no tuvo desperdicio. La banda eligió los temas más potentes de su discografía para dar lo que se suele llamar un concierto "cañero".
Comenzaron el concierto con Spine Wave, y siguieron asustando al público con esas canciones que uno no puede escuchar cuando intenta dormir, ya que en el momento en que solamente suena un arpegio minimalista… estalla todo. Entre esas canciones podríamos destacar Ithica 27/9, dulce y casi inexistente durante los primeros cuatro minutos, y ruidosa e incómoda durante el resto de la canción (más de 10 minutos).
Así, a medio camino entre la belleza y calma de sus melodías, y la casi impertinencia de sus momentos más exaltados, discurrió el conciertazo de Mogwai, dejando a todo aquél o aquella que fuera a verlos con una gran satisfacción.
En resumidas cuentas, aunque yo solo estuve el Viernes, quienes estuvieron los tres días me aseguraron que fueron tan buenos (o casi) como el primero. Podríamos decir que nos encontramos con un gran Festival que nos abre nuevas posibilidades, y que acaba de comenzar… veamos el año que viene!

Texto: Damián Omar Martínez (a.k.a. Triki)