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Una web de Alfonso Zaplana Pérez.

“Bailes de moda, memes y otros inventos”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 7 de marzo de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 


“Hablemos con propiedad, un clásico es la siesta del sábado por la tarde, no un Barça-Madrid”. Y es que, desde que he dejado de ver partidos de fútbol (seguirlos por Twitter es mucho más divertido), las semanas me cunden más. Quizás no llegue al nivel del Dr. Karl Kruszelnicki, de la Universidad de Sydney, que en 2002 ganó el premio Ig Nobel de la revista “The Annals of Improbable Research” en la categoría Investigación Interdisciplinaria por su estudio exhaustivo sobre la pelusa del ombligo, pero cunde, para echar un sueñecito vespertino y para mucho más.

 

Liberado de la responsabilidad de tener que decantarme por Cristiano Ronaldo o Messi en ese gran dilema sobre quién es el mejor jugador del mundo, uno tiene tiempo de hacer cosas realmente gratificantes, como gritar “¡Viva Rusia!” viendo cocinar a David de Jorge, celebrar el (inventado) Día Mundial del Pacharán, dejarme recomendar canciones por nuevas amistades virtuales o reivindicar a Los Chichos por enésima vez. Fluyen las ideas. Eslóganes como “¡Magdalenas, joder, magdalenas!” para reclamar en camisetas y pegatinas que esta pieza de repostería recupere su nombre original o teorías poco fundamentadas para explicar todo lo que está pasando en la Casa Real, cadera incluida: es cosa del karma, por lo de Eva Sannum. Hay tiempo para el debate: dice el gran Cascales que el grupo que se debe asociar mentalmente a Detroit Pistons es MC5, pero yo defiendo que, aunque sean de Nueva York y seguidores de los Knicks, le corresponden Beastie Boys, por aquella enorme canción llamada “Tough guy”, que dedicaron a Bill Laimbeer. Incluso se puede correr el riesgo de darle al Play al encontrarte con el vídeo de Kiko Rivera y Dr. Bellido (yo le metería un poco más de Auto-Tune si lo que quieren es acabar con la hegemonía de Juan Magán en esto del electro-latino).

 

Por ello me parece casi milagroso que, sin ser consciente, hasta hace poco más de una semana me hubiera escapado de toda esta movida del “Harlem Shake”, que ahora veo que está por todas partes. Aunque soy amigo de la tontuna y he de reconocer que la versión de Miami Heat hasta me hizo gracia, realmente este invento no es que sea de mis favoritos. Lo que en su versión primigenia puede resultar simpático puede acabar siendo estomagante por culpa de las copias. Eso sí, una vez más queda demostrado que no hay nada mejor para que algo se convierta en viral que una canción “mierder”… y la de Bauuer se adapta a la perfección al perfil requerido (y el baile precisa menos coordinación de movimientos que su predecesor, el “Gangnam Style” de Psy).

 

¿Cuál será la siguiente? En mi entorno apuestan fuerte por “El tigeraso” de Maluca como recambio. La canción en realidad es de 2009 y ya fue utilizada en la banda sonora del juego FIFA 11, pero su uso en el reciente anuncio de Tuenti Móvil le ha dado una nueva oportunidad a ese chocante estribillo que dice “Lo tengo todo, papi. Lo tengo todo, papi. Tengo fly, tengo party, tengo una sabrosura”. Que les da buen rollo dicen… Hasta que a la peña le dé por salir a la calle con rulos en la cabeza y grabarlo para subirlo a Youtube, añado yo.

 

“Echo de menos…”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 28 de febrero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 


Ni siquiera iba con intención de hacerlo, hace ya bastante tiempo que no compro música en CD (salvo alguna cosa) y en este tipo de establecimientos los precios de los discos en vinilo suelen ser prohibitivos. Pero hace unos días, por aquello de la curiosidad, me puse a ojear estanterías y me topé con dos elepés que estaban a un precio razonable. No había escuchado esos álbumes en concreto, pero me dije: Bob Dylan y Giant Sand, esto no puede fallar. Me los agencié. Ciertamente, tratándose del señor Zimmerman y de Howe Gelb, Joey Burns, John Convertino y compañía el riesgo era mínimo, pero esta inesperada adquisición me hizo recordar nuevamente que, más allá de la propia música, echo de menos muchas cosas del pasado en todo lo concerniente a ella. Hoy en día todo resulta tan previsible…

 

Echo de menos esos tiempos en los que, por ejemplo, ibas a un concierto sin haber escuchado antes a los grupos que tocaban (incluso, en algunas ocasiones, no te sonaban ni los nombres), simplemente porque alguien te los había recomendado directamente, habías leído alguna buena crítica sobre ellos o te apetecía descubrir algo nuevo, sin más. Y no había mejor manera de hacerlo que ver nuevas bandas en directo. Ahora tenemos la ventaja de tener prácticamente todas las canciones al alcance de un clic y lo de acudir a ver música en vivo sin haber comprobado previamente si es de tu agrado parece algo impensable, pero al igual que añoro el escuchar música como si fuera una especie de ritual (de ahí que el vinilo se haya convertido en mi formato favorito), tengo nostalgia de aquellos años en que se asumían “riesgos”.

 

Echo de menos esa emoción de comprar un disco y no saber qué te vas a encontrar hasta ponerlo en el reproductor. Cuando abrías un catálogo y te arriesgabas a comprar algo por correo sin tener más referencias que la descripción indicada en el mismo o lo leído en alguna revista especializada. Cuando te acercabas con cierta frecuencia a una de esas pequeñas y entrañables tiendas de las que hoy en día apenas quedan (un aplauso para la gente de Discos Bora Bora en Granada, por emprender su aventura en estos tiempos tan complicados) y te dejabas recomendar por el dependiente de turno o incluso te dejabas llevar por la intuición (o por la compulsión). Quizás por ello, estando hace unos meses en Helsinki, no dudé en escaparme de una visita guiada al pasar junto a una de estas tiendas para entrar, pedir que me recomendaran discos de bandas finlandesas de hardcore punk, uno de los productos (musicales) típicos de la tierra, y salir de allí con el LP cuya portada más me gustó en la mano…

 


 

“¡Justicia para Juan!”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 21 de febrero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

No hemos digerido aún el resultado de los Grammys y ya tenemos los Oscars a la vuelta de la esquina, pero supongo que, en este periodo de aglomeración de galas y premios, toca hablar de los Goya. ¡Qué remedio! Esta misma semana se ha anunciado que, por motivos económicos, mis queridos TP de Oro suspenden su ceremonia de entrega de galardones anual por primera vez en 40 años…

 

Los Goya, ese certamen que sigue sorprendiendo al personal por no premiar a Paco León. En serio, ¿alguien pensaba que la industria del cine iba a reconocer la labor del director de Carmina o revienta? Venga ya… Estaba claro que, después de haberse pasado por el forro sus anticuadas “reglas” y probar por libre con el estreno de su debut detrás de las cámaras, no iba a obtener el reconocimiento de la AACCE. Lo que no me esperaba es que Juan Magán no se llevara el premio a la mejor canción original en una edición en la que Las aventuras de Tadeo Jones se ha llevado tres “cabezas” (más que Grupo 7, por ejemplo). Ya podrían haberse estirado un poco más y darle un cuarto al compositor de Te voy a esperar, aunque hubieran tenido que crear una nueva categoría a su medida, la mejor canción con Auto-Tune “enroscado”. Tampoco hay que darle mucha importancia al asunto, la mejor película de la historia del cine español es Airbag (¡y punto!) y sólo obtuvo dos Goyas en categorías menores. Así que ya está bien de hablar de cine, que eso le corresponde a mi compañero David López…

 

Hablemos de música. Bueno, de Juan Magán. Porque, enlazando con el tema anterior, “dentro de 20 años Juan Magán será la hostia”. Ya se me ha pirado la pinza, estaréis pensando. Sí, pero eso no es de ahora… La ocurrencia (una apuesta arriesgada, más que una afirmación) me vino a la mente mientras mi compadre Romu López y yo entrevistábamos hace unas semanas a Alondra Bentley en Tímpanos y Luciérnagas, nuestro programa de radio. Contaba nuestra amiga que en una ocasión, mientras escuchaba a Scott Walker, su madre se preguntaba en voz alta cómo podía escuchar aquella música. Noel Scott Engel, que así se llama en realidad el cantante en cuestión, ha pasado a la historia como una especie de crooner maldito, como un artista de culto (sólo ha publicado cuatro discos desde 1974), pero antes de emprender su carrera en solitario fue un auténtico ídolo juvenil en Inglaterra (aunque nació en Estados Unidos) como componente de The Walker Brothers. Con sus “hermanos” (el grupo lo completaban Gary Leeds y John Maus) obtuvo un gran éxito comercial, vendió cantidades ingentes de discos y llegó a tener más fans que The Beatles durante los años 60, manteniendo esa condición de estrella en los comienzos de su nueva etapa. Evidentemente el ejemplo de Juan Magán es una exageración totalmente intencionada, manteniéndome en mi papel, pero detrás de ella hay una duda real: dentro de 20 años (o 40), sin conocer de primera mano el contexto en el que se han desarrollado sus carreras y liberados de las connotaciones que ello conlleva, ¿cómo verán las nuevas generaciones a los artistas de éxito masivo de hoy? ¿Cómo pasarán a la historia los grupos mainstream (incluidos los que nos venden bajo la etiqueta indie) de la actualidad? Personalmente tengo la sensación de que nada surgido con posterioridad a los 90 va a transcender al mismo nivel que lo han hecho aquellos que, desde el nacimiento del rock and roll en los años 50 (o incluso antes, con el blues, el jazz o el rhythm ‘n’ blues) hasta el final del siglo XX, se han convertido en parte imprescindible de la historia de la música. ¿Y vosotros?

 


 

“Hipster, gafapasta, indie, Social Media, Black Keys, Cristiano Ronaldo…”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 14 de febrero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Ya he captado vuestra atención con el titular, poco importa lo que escriba a partir de ahora. Es la conclusión a la que he llegado después de leer en las últimas semanas algunos artículos que, con las palabras mágicas como reclamo, corren como la pólvora por Internet. Da igual que sean rigurosos o que se dediquen a dar palos de ciego, tirando de sensacionalismo y demagogia, que la difusión está garantizada. Adhesiones, discrepancias, discusiones encarnizadas; polémica, que parece que es lo que importa. Y como últimamente ando escaso de anécdotas que comentar, he decidido sumarme a la moda. Es más, ni siquiera voy a comentar todo lo que el encabezamiento sugiere, es puro cebo. “¡Si ellos pueden, yo también!”.

 

La cuestión es que, en realidad, esta semana podría hablar largo y tendido de los Grammys y de las cuatro estatuillas que se llevaron Black Keys, pero no me apetece. Por mí como si les hubieran dado un TP de oro. El dúo de Ohio no me entusiasma, pero tampoco me desagrada. No son ellos el problema, diría lo mismo si los ganadores fueran Neil Young o Nick Cave. Pero no hay que olvidar que, aunque triunfen Black Keys o Mumford and sons, entre los galardonados también aparece gente como Juanes. Así que, dejadme que me mantenga receloso ante estos premios de la industria y que no les dé mucha importancia. De hecho, para mí el mejor momento de su historia fue cuando en el documental “Twenty” Stone Gossard de Pearl Jam enseña su casa y encuentra uno arrumbado en su sótano: “Oh, mira, un Grammy”.

 

Prefiero contaros que hace unos días estuve almorzando en un “bar de viejos” (o como siempre lo hemos llamado en mi barrio, un bar) al que voy a veces y no había ningún hipster. “Ya me han vuelto a timar”, pensé. Yo que me había ilusionado pensando que era un hipster desde los 90, pero no me había enterado… A lo mejor es que eso de que los hipsters prefieren los bares de viejos es algo que sólo ocurre con un sitio (o unos pocos) de Madrid y quien firma el artículo (en la revista GQ concretamente) se vino arriba pensando en lo impactante de la historia. O quizás es que no me fijé bien. Porque claro, ¿qué es exactamente un hipster? ¿Es imprescindible el gusto por la ropa vintage, el abuso de cacharrería tecnológica o la intensa actividad en redes sociales? ¿Hay que cumplir con todos los requisitos o se puede ser un hipster sólo parcialmente? ¿Es lo mismo un hipster que lo que algunos, con cierta guasa, llaman moderno por escuchar determinado tipo de música y acudir a festivales? ¿Es suficiente con ser “joven y moderno”, que cantaban Net Weight? Por último, enlazando con el siguiente tema, con el que voy a cerrar mi populista intervención, ¿los hipsters sólo deben escuchar música indie?

 

El indie, otro asunto que desde hace ya un tiempo se convierte en el protagonista de las tertulias musicales (formales o improvisadas). ¿Qué es el indie actualmente? ¿Un concepto, una etiqueta, un estilo musical? Yo siempre acabo en la misma cuestión: teniendo en cuenta las compañías (y su forma de trabajar) que respaldan a los grupos que, al menos en el mercado estatal, encabezan los carteles de los festivales y acaparan tiempo y espacio en algunos medios especializados, ¿tiene sentido hoy en día, que se ha perdido la esencia que dio origen al término “indie”, seguir usándolo? Desde el punto de vista del oyente nada hay que recriminar, cada cual escucha la música que le gusta y le apetece, independientemente de la denominación. Pero desde el punto de la industria, se me ocurre una analogía con el café descafeinado o incluso con el típico “café de olla” (infusión de malta) que sirven en las barracas durante las Fiestas de Primavera de Murcia. Hay gente a la que le gusta, hay quien lo bebe porque el café no le sienta bien, porque le apetece diversificar o porque se piensa que es café… pero no lo es y nunca se debería vender como tal. “¡Nos vamos al mainstream!”.

 


 

“¡Viva Forocoches!”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 7 de febrero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 


 

Esta semana alguien se aventuró a llamarme líder de opinión. No tenía yo bastante ya con el empeño de algunos en decir que soy crítico musical… Nada más lejos de la realidad. Si atendemos a lo que mi nómina indica, soy contable (periodista si miramos un papel que tengo colgado en la pared) y, en todo caso, una persona con cierto sentido común. No obstante, arriesgándome a que penséis que lo he perdido, aprovecharé este espacio en el que me permiten publicar mis divagaciones para lanzar una reivindicación muy seria justo en esta semana en la que RTVE acaba de arrancar su carrera hacia Eurovisión.

 

Eurovisión, ese concurso cada vez más caduco, que nunca recuperará el sentido que tuvo en aquella época en la que grandes como Raphael, Julio Iglesias o Peret representaban a España y que, gracias a Forocoches, fue convertido durante algunos años en uno de los espectáculos más bizarros y divertidos de la televisión estatal. Sí, hablo de la participación de Rodolfo Chikilicuatre (enorme David Fernández) en Belgrado en 2008, mejorando la clasificación de nuestro país respecto a las tres ediciones previas, y de la involuntaria imitación de José Luis Moreno por parte de Anne Igartiburu con la imprescindible colaboración de John Cobra en el papel de Rockefeller. El “troleo” internauta llevado a su máximo nivel, traspasando los límites de la red de redes para mandar un claro mensaje a los responsables del Ente Público. Aunque estos nunca hayan querido darse por enterados ni tampoco hayan optado por renunciar a participar en el certamen, que seguramente fuera la decisión más acertada en los tiempos que corren.

 

En su lugar, tras varios años de probaturas, se decantan por seleccionar a nuestro representante de forma unilateral. Las verdaderas votaciones populares y las impredecibles galas televisadas han sido sustituidas por votaciones totalmente orientadas y una única gala descafeinada. El grupo elegido en esta edición es El Sueño de Morfeo y lo único que los espectadores podrán hacer es escoger primero entre dos canciones de la banda asturiana y en segunda instancia, con la participación de un jurado profesional, decidir entre el tema ganador de la primera votación y otras dos seleccionadas por RTVE en búsqueda de la canción con la que finalmente Raquel del Rosario y sus compañeros viajarán a Malmö (Suecia). Un sistema que a mí, y creo que no soy el único que piensa así, me parece muy sintomático de la situación que vivimos en la actualidad en España… pero ese es otro tema, que yo he venido aquí, como indica el título, a ensalzar a las gentes de Forocoches.

 

Así que no me entretengo más. A quien corresponda: reclamo con energía un homenaje a ese “subconsciente colectivo electrónico” (Quentin Ozores dixit) generador de grandes ideas disparatadas, capaz de convertir en divertido lo infumable. Y aunque no tienen nada que ver con Eurovisión (de momento), no se me ocurre mejor fórmula que la inmediata instauración del Día Internacional de la Separación de Andy y Lucas. Y vosotros pensaréis que se me ha ido la cabeza, porque no se han separado nunca. ¿Cómo que no? Al menos una vez al año el dúo gaditano rompe su unión artística (efectivamente, por cortesía de Forocoches). Es algo recurrente, un bulo que se difunde con gran éxito gracias a las redes sociales, generando desesperación en unos y un enorme alivio para otros… hasta que descubren que todo es un invento y que, con Roto2 por bandera, se la han vuelto a colar. Y es que la masa forera, aunque sea por un día, puede con todo, tiene el poder de separar a Andy y Lucas o, peor aún, de mandarlos a Eurovisión si le apeteciera. Bueno, con todo no, es imposible (incluso para Forocoches) saber quién es Andy y quién es Lucas. Eso está científicamente demostrado, no lo puede negar ni Mariló Montero.

 

 

“¿Te ha pasado alguna vez?”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 31 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

 

 

Despertarte un sábado por la mañana y que lo primero que escuches sea alguien cantando canciones de Camela a grito pelado. Tener a medio metro a Greg Graffin o a Ian MacKaye y no pedirles un autógrafo porque el simple hecho de poder verlos actuar en directo te ha dejado satisfecho. Ir a un concierto de El Fary y tener que engañar a alguno de tus amigos para que se quede hasta el final. Ver una película que es morralla pura únicamente porque la banda sonora es tremenda. Escuchar canciones de Airbag y sentirte identificado retroactivamente. Que lo primero que suene en tu cabeza recién levantado sea una canción de Extremoduro de la que, aunque no lo recordabas, te sabes gran parte de la letra. No cansarte de llevar un disco de Los Chorbos en el coche. Decir (o al menos pensar) “el rey del poblado” cuando alguien menciona a Frank Sinatra y “¿No va a ser David Bowie?” si escuchas su nombre por culpa de Chiquito de la Calzada y Joaquín Reyes respectivamente. Que te sigan gustando The Who a pesar de CSI. Descubrir un tema original muchísimos años después que su versión… y maldecir a quien se atrevió a destrozar semejante cancionzaca. Seguir apreciando a alguien a pesar de declararse fan incondicional de Melendi. Pensar que tienen razón mientras escuchas “El primero era mejor” de Manos de Topo. Que después de ver un documental sobre “La leyenda del tiempo” de Camarón sólo te apetezca escuchar a Lole y Manuel, Alameda o Smash durante una semana. Escupir sapos y culebras al enterarte de la fecha de un concierto porque sabes que no vas a poder ir. Levantarte temprano un fin de semana y que te dé por poner un disco de The Jackson 5. Querer ver una película simplemente porque un grupo que te gusta tomó su nombre de ella. Confundir a Russian Red con Anni B Sweet.

 

A mí sí.

 

Que te decepcione una nueva canción de The Strokes porque por alguna extraña razón sigues esperando que vuelvan a grabar algo parecido a lo que hicieron en su primer disco.

 

¡A MÍ NO!

 

P.d. Aunque hay que reconocer que esta vez han ido más lejos que nunca…

 


 

“Venga, dilo otra vez…”, para LaTribuna del Noroeste

Artículo publicado el 24 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Comentaba la semana pasada el caso de esos grupos que conozco desde hace muchos años y a pesar de que me llaman la atención, nunca he tenido tiempo de pararme a escucharlos con detenimiento. Al hilo de este asunto, enlazando también con algún texto anterior, me vino a la cabeza otro tema recurrente en esas “tertulias” sobre música que, aprovechando cualquier excusa, suelo improvisar con mis amistades. Son esas bandas que determinados medios de comunicación quieren colar en nuestras vidas aunque sea con calzador… y no, no estoy hablando de música mainstream.

 

¿Por qué no hago caso a estos grupos? Porque, si nos centramos en propuestas musicales, se me ocurren demasiadas cosas mejores en las que ocupar mi tiempo libre. Saldar mis dichosas “deudas”. Escuchar “La pared” de Bambino una y otra vez. Comprobar que “La Macarena” de Los del Río se parece sospechosamente a una canción que publicaron Desmadre 75 hace casi 40 años. Descubrir nuevos discos de Neil Young, que ha publicado unos 50 desde mediados de los 60 y aún me faltan muchos. Pinchar un recopilatorio con los grandes éxitos de Antonio Machín en vinilo. Prestarle atención a bandas como Derrick o Arsenal (por mencionar dos que se me escapó citar hace un par de semanas). Investigar si por fin Drenthe ha dejado el fútbol y se ha pasado al hip hop. Fliparlo con la banda sonora de Django Unchained de Quentin Tarantino. Preguntarme por qué no conocía hasta hace unos meses a Sixto Rodríguez. Gritar que a veces sólo me apetece escuchar a Mike Patton… ¡y que os calléis!

 

En realidad, de forma ajena a mi voluntad (salvo contadas excepciones), los he escuchado, bastantes veces incluso… y por más que me insistan, no me interesan. Me da igual que ganen premios (si eso supone algún mérito hoy en día), que estén en boca de todo el mundo o que en sus conciertos el aforo esté siempre completo, prefiero seguir fiel a mi rollo y a mis sensaciones que dejarme llevar por la marea. Así que os lo pido de corazón, como diría Ortega Cano: ¡dejadme en paz, dejadme vivir! Porque, en definitiva, ¿qué mas da que escuchemos a unos o a otros? Si al final el único que vende discos en España es Pablo Alborán…

 


 

“6.000 pesetas de whisky”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 17 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

¿No habéis tenido nunca la sensación de que por más grupos que escuchéis, por más bandas que descubráis, siempre quedan demasiadas por conocer? Deberíais… En realidad es lo normal. Voy más allá, ¿nunca os ha pasado que conocéis un grupo desde hace muchísimos años, os llama la atención, sabéis que os va a gustar, pero por razones varias nunca termináis de prestarle su merecida atención? A mí continuamente. Tengo incluso sentimiento de culpabilidad, son como deudas pendientes. Me ocurre como a José Luis Torrente con Antoñito, el camarero interpretado de forma única e irrepetible por Cañita Brava, es como si les debiera eternamente “6.000 pesetas de whisky”.

 

Ellos me lo recuerdan cada cierto tiempo, publicando nuevos trabajos, y yo sigo igual, diciendo que voy a pagar… pero sin saldar la deuda a la hora de la verdad. Al contrario que le pasaba a Torrente, lo mío no es por falta de ganas, es que las circunstancias no ayudan. Habrá quien diga que no tengo excusa, que hoy si no escuchamos algo es porque no queremos, lo tenemos todo al alcance de un clic. Le doy la razón, pero la cuestión no es escuchar algo o no, es hacerlo con detenimiento, disfrutándolo, empapándose con las canciones como merecen… y esto a mí me resulta cada vez más complicado, esta inmediatez y facilidad para poder escucharlo casi todo tiene sus ventajas evidentes, pero es también un inconveniente.

 

Pensad en los 90 y las décadas previas (cambia de época en función de tu edad), la música que íbamos conociendo en aquellos años se nos quedaba grabada a fuego en la mente. Nuestras colecciones de discos crecían a marchas mucho menos forzadas que lo hacen ahora y con lo que costaba conseguir nuevo material, lo aprovechábamos bien. Cuando caía en nuestras manos un nuevo disco que nos gustaba lo escuchábamos hasta quemarlo… En la actualidad conozco muchísima más música que hace algunos años, pero veo prácticamente imposible que jamás vuelvan a calarme tanto los nuevos descubrimientos como lo hacían entonces. Hoy en día, ¿cuántos discos escuchamos una o dos veces en Spotify y nunca volvemos a darles otra oportunidad? ¿Es posible estar al tanto de las novedades discográficas que van surgiendo y no olvidarnos de echar la vista atrás de vez en cuando en busca de aquellos artistas que nunca deberíamos haber dejado de lado? Difícil tarea…

 

No obstante, aunque sé que tengo la batalla perdida de antemano, sigo intentando abandonar mi condición de “moroso” cuando el tiempo me lo permite. Es por ello que, como ya hice en otras ocasiones con grupos como Bracket (el típico grupo del que conoces un par de temas de algún recopilatorio, pero nunca has escuchado un álbum completo) o Talking Heads (uno de esos imprescindibles que se te escapa durante años y ni uno mismo se explica cómo), aprovecho cualquier excusa o casualidad para ponerme al día: por ejemplo, mientras escribo este texto suena en mi reproductor el disco homónimo de Tortoise, publicado en 1994. El siguiente turno lo tengo reservado para Redd Kross, aunque después de haber escuchado algunas canciones del álbum que publicaron el año pasado, me temo que ‎6.000 pesetas de whisky no van a ser suficiente…

 


 

“Murcia: temporada 2012-2013″, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 10 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Cuando hablamos de música, estoy de acuerdo con aquello de que cualquier tiempo pasado fue mejor. Lo comentaba hace una semana, mis tres discos favoritos de 2012 se publicaron en 1972, 1975 y 1996 respectivamente. Pero tampoco se puede obviar que, a pesar de ello, seguimos teniendo muy buena música y recomendables grupos que escuchar en la actualidad. De hecho, aunque no siempre tengan el reconocimiento que merecen, creo que las bandas de la Región de Murcia son un buen ejemplo de esto. Nuestra escena musical goza de buena salud y, estando todavía en las primeras semanas del año, quiero aprovechar este espacio para enumerar algunos ejemplos de murcianos que están haciendo cosas interesantes en este campo, poniendo la vista en el pasado cercano y en el futuro inminente.

 

Aún quedan recientes varios trabajos que no se pueden dejar pasar sin poner el acento en ellos. Músicos que se han ganado a pulso durante varias décadas el reconocimiento y la atención, como es el caso de Juan Antonio Ross, Los Marañones o Schwarz, y también grupos que con su irrupción han renovado el panorama y han aportado, aparte de frescura, el necesario equilibrio entre veteranía y juventud. No se me ocurre un ejemplo mejor para representar a esta segunda categoría que Perro, que precisamente despidieron el 2012 con la publicación durante la última semana del año de “Singles brasileñas”, una selección de canciones de sus maquetas regrabadas para la ocasión y un avance de lo que será su siguiente trabajo, a publicar durante el 2013.

 

Podría entretenerme revisando el 2012, hablando de los antes citados o de las últimas ediciones de otros que considero destacables, como Klaus&Kinski, Alondra Bentley, Neuman, Lidia Damunt, Those, Nunatak o Los Alambres. Pero mejor entremos ya de lleno en el ejercicio en curso, como veréis, hay razones para ello. Este año, aparte del disco de Perro, tendremos el segundo EP de Tea Baggers, el primer largo de The Crime y el EP de debut de Siberian Girls. También se esperan nuevas canciones de Lebowsky, de Murciano Total (con sus videoclips incluidos), la continuación de la serie de singles virtuales de El Estudiante Larry y las nuevas locuras de Mad Mao & The Tse Tungs. Además, Germán Beteta (Guillermine, Stefunny 6) ha prometido novedades en esta nueva temporada. Aún hay más: el ansiado álbum de Trastorners está anunciado para 2013, el quinto disco de Cherry está ya en proceso de grabación, en verano vuelven a entrar en estudio Octubre (aunque puede que tengamos que esperar hasta 2014 para escuchar el resultado), este mismo mes El bueno, el feo y el Mena entran a grabar en El Miradoor de Alhama de Murcia y está previsto el estreno en vinilo (ya se puede escuchar en Bandcamp) de Raúl Frutos con su nueva aventura sonora, Crudo Pimento. A ver si hay suerte y hace doblete con The Ben Gunn Mento Band…

 


 

“De listas de mejores del año… o algo”, para La Tribuna del Noroeste

Artículo publicado el 4 de enero de 2013 en La Tribuna del Noroeste:

 

 

Ahora sí. Ha llegado el momento de hablar de los mejores discos del 2012. O casi. Porque siempre que alguien me pregunta por el tema, respondo que no creo que a nadie le interese cuáles son mis discos favoritos del año. Seguramente esté en lo cierto, aunque en realidad el motivo para no hacerlo no es ese, es que me da una pereza tremenda, por todo lo que ello conlleva. El simple hecho de tener que hacer recuento de los trabajos que se han publicado durante el año ya me da vértigo y si entramos a revisar las listas que han ido dando a conocer los medios especializados durante los meses de noviembre y diciembre, la cosa se pone tan complicada que mejor me ahorro la mía… Bastante tengo con aprovechar para tratar de descubrir esos grupos (o esos nuevos álbumes) que se me han ido escapando o que he ido dejando pasar sin escucharlos por falta de tiempo, es el único sentido (y utilidad) que le veo a esto de los tops. Porque eso de tener que ordenar los discos y de hacer listados con cupos concretos siempre me ha recordado más a Los 40 Principales que a lo que, a mi modo de ver, debe ser una publicación especializada en música.

 

A estas razones comentadas habría que añadirle otra más significativa si cabe. Un resultado de los tiempos que corren y de la sobrecarga de material sonoro. Y es que, siendo sincero, si me pusiera a elaborar un listado, creo que muchos de los discos que aparecerían no los he escuchado con la atención que se merecen y estarían incluidos en el mismo más que por el álbum en su conjunto, por intuición y por las buenas sensaciones que me transmiten unas cuantas canciones. Es lo que tiene la conjunción entre hacer un programa de radio, el uso de Spotify y el streaming en general y la generalizada costumbre de los grupos y los sellos discográficos de ir dando a conocer sus nuevos trabajos por entregas, que a veces más que discos parecen coleccionables. En este contexto, me pregunto muchas veces si merece la pena que algunas bandas sigan grabando discos largos. Más aún cuando muchas de ellas apenas distribuyen unos pocos cientos de copias en formato físico o incluso no llegan a fabricarlas y distribuyen su música en formato virtual a través de plataformas como Soundcloud o Bandcamp. Cada día que pasa veo más acertada la idea de mis compadres de El Estudiante Larry, que durante el 2012 se han dedicado a ir lanzando cada cierto tiempo tandas de dos canciones exclusivamente a través de la Red.

 

A pesar de lo dicho, tengo la costumbre y el compromiso de colaborar cada año en la lista de mis amigos Chema Helmet y Miguel Tébar para Festivalesdepop.com, en la que recopilan las opiniones de sus allegados dentro del mundo de la música, que son unos cuantos. Así que, a bote pronto, lo primero que me viene a la cabeza pensando en el 2012, musicalmente hablando, es que me han gustado los discos de Betunizer, Toundra, Beach Beach o The Evens, por ejemplo. Sirvan estos nombres como aportación personal a la causa. Otro día quizás fueran otros, hoy se me ocurren esos. Aunque si me paro a pensar en mis verdaderos discos favoritos de 2012, diría que son “Zuma” y “Harvest” de Neil Young, o “Do you know who you are?” de Texas is the Reason, del que ya hablé aquí hace algunas semanas. Esos vinilos que he disfrutado escuchando en los necesarios y siempre insuficientes momentos de calma. Evidentemente no son de 2012, pero… ¿a quién le importa eso realmente?