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Una web de Alfonso Zaplana Pérez.

Conciertos: mi resumen de 2016

Que el primer concierto que vea seguramente este año sea de Futuro Terror es un arranque prometedor. Así que, ya que no hago lista de mejores discos del año, porque no me sale, diré que 2016 ha sido un buen año, a pesar de todo, de música en directo. He disfrutado por igual viendo, otra vez, a Neil Young rodeado de miles de personas y en un local de ensayo, apiñado junto a otras 30 personas, viendo a Fuêgo, Tumefactum y Sabotaje. Lo he gozado como hacía tiempo que no lo hacía viendo el show místico tribal de Schwarz y Triángulo de amor bizarro en el Lemon Pop me peinaron para atrás en su momento justo y en el modo apropiado. Rejuvenecí 15 años de golpe viendo a Milkhouse y viendo a la gente de Nueva Generación tocando y organizando giras propias y conciertos ajenos recuperé la esperanza en (una parte de) la humanidad. Mención especial para el bolo de Suicidas en La Madriguera, excelente espacio artístico. Me he perdido mogollón de conciertos en Alicante y a Perro yéndose al mainstream en Madrid, pero al menos pude ver a Jacco Gardner en la Stereo, a Isasa y Geoff Farina haciendo filigranas en un museo y un par de veces a los zagales en nuestra ciudad. Y otro par de veces a Octubre, que siempre viene bien. Aunque ya estaban descubiertos, hemos organizado movidas muy chulas con Los Pepsicolos, Garaje Florida y Alien Tango en Tímpanos y Luciérnagas y lo hemos hecho a nuestro aire, por el simple goce de hacerlo. Por fin he podido ir al Ruidismo, que es el mejor festival de Murcia, e incluso he vuelto a ir al SOS, para ver a Nueva Vulcano, aunque al final no los vi demasiado y sí acabé metido en un camerino sin saber muy bien cómo. Cuando tocaron Los Bengala y Triángulo de Amor Bizarro ya estaría yo durmiendo, pero no pasa nada, porque a los primeros ya los había visto en pleno esplendor en Microsonidos junto a Galleta Piluda y sobre los segundos, ya lo he dicho más arriba. El cierre del C-FEM volvió a ser maravilloso, sólo faltó un círculo de fuego para terminar de redondear el espectáculo de Bosco. Y hasta he visto dos veces a Mad Mao & the Tse Tungs: ¡Metal!

 

Alien Tango en Tímpanos y Luciérnagas

 

Tú sí que vales

Ya lo he dicho alguna vez, salvo en lo de elegir fotos de perfil en Facebook y en alguna cosilla más sin demasiada importancia, soy una persona sin talento especial alguno. Afortunadamente, creo que siempre he sido consciente de mi condición, que en este caso es la de mediocre. Y es que en determinados momentos de la vida y en determinados oficios, sobre todo en aquellos que tienen que ver con el arte y la cultura, se da a veces el caso de aquel al que, sin serlo, le dicen lo bueno que es continuamente. Esto suele acabar en un desquiciado estado de frustración y una búsqueda continua de esa mano negra que te impide progresar. Del mismo modo, si eres bueno y te lo dicen mucho es probable que te lo acabes creyendo tanto que te vuelvas insoportable. También puede que, con la excusa de lo rompedor o con eso de pensar que uno está de vuelta de todo cuando no ha llegado ni a la mitad del camino, acabes haciendo verdaderas mierdas sin darte ni cuenta.

 

Quentin Tarantino. Una visión posmoderna del cine negro.

 

Cuando estudié Periodismo tuve la suerte de poder elegir casi a la carta el tema de mi proyecto fin de carrera. Y cuando digo suerte, es una forma de hablar. Totalmente. Me lo gané. A pesar de estar currando en la asesoría de lunes a viernes, ocho horas diarias y en jornada discontinua, pude escoger el segundo de la lista, gracias a las notas obtenidas hasta entonces en la carrera.

 

No recuerdo bien el nombre exacto que aparecía en la lista, pero supongo que sería algo de cine o periodismo cultural. Así que, tras darle algunas vueltas con mi tutor, decidimos que el proyecto tratara sobre las tres primeras películas de Tarantino.

 

Dadas las circunstancias, me lo tomé con calma, disfrutándolo, documentándome durante unos 5 meses al menos. Y para ello, aparte de leer multitud de libros y artículos de revistas, me tragué 42 películas. Luego me pillé un mes de vacaciones sin sueldo y me dediqué en ese tiempo a redactarlo y a revisar Reservoir Dogs, Pulp Fiction y Jackie Brown.

 

El resultado fue bastante satisfactorio: un 9,2 de nota y un montón de buenos ratos. Además, alguna de las películas vistas pasó directamente a mi lista de favoritas. Pero el trabajo nunca lo he compartido, más allá de aquellos amigos que me lo han pedido. Anoche, durante una amena conversación, me acordé de ello y he decidido subirlo en pdf a la red. Es un texto académico, con un estilo quizás poco divulgativo y con una estructura requerida, puede que resulte un poco farragoso de leer, pero si a alguien le apetece leerlo, aquí tiene el enlace: Tarantinoir. Son unas 60 y pico páginas.

Comienza la segunda temporada de Hey Hey, My My

Tras un parón de dos meses, que ya tiene bastante un murciano en verano con apañárselas para soportar el calor, hoy regreso a la programación de Trémolo Radio con Hey Hey, My My. Ya sabéis, uno de los spin offs de Tímpanos y Luciérnagas que nos sacamos de la manga el año pasado para reinventarnos ante nuestras nuevas circunstancias.

 

¿El rollo? Lo de costumbre, selección musical dispersa y ambigua y ninguna pretensión más allá de pasar el rato grabándolo, pinchando música que me gusta y comentando lo que me apetezca en cada momento, sin guión alguno y en riguroso diferido. El resultado, mejorable en el aspecto técnico y en la locución, pero acorde con lo que es el programa y conmigo mismo: algo casero, de ritmo lento y poco eufórico, hecho en Murcia, donde las palabras ceden el protagonismo a las canciones salvo en momentos puntuales…

 

A partir de esta tarde, si no falla nada, tendréis una nueva entrega cada dos semanas (o cada mes, o cada dos meses) y podréis escucharlo en la web de Trémolo Radio (la radio del Bar Trémolo) y en el blog de Tímpanos y Luciérnagas. El primero ya está grabado y preparado para subirlo al podcast.

 

 

Una reflexión, un propósito

 

Decía Nick Cave en 20.000 Days On Earth que lo que más temía era perder la memoria, no conservar esos recuerdos que, en su caso, inspiraban su arte. Una idea aparentemente sencilla que, sin embargo, me marcó y a la que no he dejado de darle vueltas desde entonces. Si algún día perdiera la memoria, de nada servirá guardar algo por escrito ni las fotos de determinados lugares o momentos. Tampoco los recordaré.

 

Viene este pensamiento a reafirmar otros sobre los que vengo recapacitando en los últimos meses. No es que vaya a dejar de hacer fotos, por ejemplo, es evidente que es una forma útil de conservar y compartir experiencias, más aún en estos tiempos en los que las cosas van tan rápido. Pero siento la necesidad de poner más empeño en disfrutar del momento, dejando de lado ciertas costumbres adquiridas en el pasado reciente. Es algo que creo que en esta sociedad estamos olvidando, disfrutar el momento, sometidos en la espiral de la inmediatez en la que las redes sociales se han convertido en herramienta principal.

 

Tampoco es que vaya a dejar de usar las redes sociales, a pesar de todo me parecen un buen método para compartir determinadas cosas con personas concretas y de dar a conocer lo que uno hace. Simplemente hace ya algún tiempo que siento vértigo ante la forma desatada en la que, por lo general, las usamos y tengo la sensación de que necesito prescindir de esa inmediatez por la que precisamente causan furor, usarlas de un modo distinto, propio quizás de otros tiempos, en los que Internet aún no era algo tan acelerado. Dejar reposar las ideas. Guardar las impresiones, las fotos, los comentarios y compartirlos, si procede, más adelante, en la tranquilidad del hogar, en vez de un instante después de que sucedan los hechos en cuestión. En definitiva, tomarme las cosas de otra forma, como dice un tal Fernando Junquera, al que algunos conoceréis por su nombre artístico, Negro: con la calma.

 

Playa del Silencio, Asturias

Sobre documentales musicales…

 

Hace unos días comentaba esto en Facebook y me apetece que quede aquí de forma permanente:

 

“Acabo de terminar de ver la serie Sonic Highways de Dave Grohl. Como serie documental, muy recomendable, pero de las ciudades que la protagonizan y de sus músicas creo que poco o nada de inspiración encontramos en las canciones que forman el disco del mismo nombre de Foo Fighters. Una vez terminada, y con el disco en cuestión escuchado unas pocas veces, aunque en formato vídeo las canciones ganan, a mí no me dan ganas de abordarlo con detalle, ni siquiera me apetece recuperar los primeros discos de la banda, los ‘buenos’. Algo que, por otra parte, resulta lógico. Ahora lo que realmente me apetece es ponerme a escuchar como un loco a Bad Brains, Fugazi, Big Black, 13th Floor Elevators, Butthole Surfers, Big Boys, Naked Raygun, Kyuss, Germs, Mudhoney, Ramones, Runaways, Beastie Boys, Public Enemy…

 

Ya que estamos con documentales, está a punto de estrenarse el de Kurt Cobain y, aunque lo veré de cabeza, tengo sensaciones encontradas. Por una parte, aunque a día de hoy me siguen flipando los discos de Nirvana y me encantan las canciones de Kurt, nunca ha sido un personaje cuya historia, dejado atrás en el tiempo el impacto de su final trágico, me seduzca mucho. Me siento mucho más cautivado, a pesar de ser Joy Division un grupo que conocí bastante después y que me toca menos la fibra que Nirvana, por la biografía de Ian Curtis. Por otro lado, aún guardo en el recuerdo la no pequeña decepción que me llevé con About a son… ¡Vaya coñazo! Así que espero redimirme con este Montage of heck”.


Estrenamos “Cook Your Brain” de MOTT

Estaba Marco A. Velasco encerrado en su estudio de El Miradoor trabajando en la grabación de alguno de los múltiples grupos que han pasado por allí en los últimos años y sintió que le faltaba algo. Efectivamente, después de mucho tiempo formando parte de bandas como Cherry and the clouds, Malatestas, 300 días de sol o Siberian girls, estaba sin grupo. “De mañana no pasa, me monto una banda nueva”. Pero se le olvidó… todo el tiempo. No obstante, por la inercia de todo buen maikel siguió componiendo y grabando canciones en solitario. Y cuado se dio cuenta tenía un EP. Y luego canciones para poder grabar incluso un LP. Entonces apareció Aarón, de Perro. Más tarde se unió Larry. MOTT,  contra todo pronóstico, era una realidad y este “Cook your brain” viene a demostrarlo.

 


 

Publicado originalmente en Tímpanos y Luciérnagas.

 

El Frenopàtic Radioshow #271: Bcore Disc 1996-2001

 

Hace ya bastante tiempo que tenía pendiente esta colaboración con el programa del amigo Jordi Comas, pero no habíamos encontrado el hueco ni, sobre todo, el tema a tratar. Ahora, con la entrada de 2015, ha comenzado la conmemoración del 25 aniversario de Bcore, una discográfica que para mí siempre ha sido una referencia. Es por tanto una oportunidad estupenda para matar dos pájaros de un tiro, cumplir el compromiso con El Frenopàtic Radioshow y, a la vez, unirnos a las celebraciones de Bcore. Como el catálogo es muy amplio, decidí hacer una selección de canciones publicadas por la discográfica barcelonesa entre 1996 y 2001, empezando por el primer disco de Xmilk, una banda cuyo descubrimiento supuso para mí una pequeña revelación, una apertura de horizontes hacia nuevos géneros y nuevas o viejas bandas. Jordi le puso voz.

 

01. Xmilk “Personal”
02. Aina “Clash/Removal”
03. No More Lies “Migraine”
04. Xmilk “Still Broken”
05. Schedule “Más De Lo Mismo”
06. Slang “A First-Class Décolletage”
07. Aina “Mnemotechnics”
08. Dies Irae “Innocence Train”
09. The Capitol City Dusters “Reason”
10. Xmilk “Enigmatic Shadowplay”
11. A Room With A View “You Say”
12. Nantucket “My Grandmother’s Swimming Pool”
13. All Ill “Monster”
14. Bluetip “New Shoe Premonition”
15. Dismemberment Plan “Gets Rich”
16. 24 Ideas “Sick Of Banality”
17. Zeidun “Galactic”
18. Stand Still “Words”
19. The Unfinished Sympathy “A Brand New Friend”
20. Maple “Save Me”
21. Half Foot Outside “90′s Love”
22. Aina “Two Questions”
23. Stand Still “Circle”
24. No More Lies “Stone, Noise, Broken Glasses”

 

Programa emitido en Radio Celrá el 28/01/15.

‘Hey Hey, My My’, mi programa para Trémolo Radio.

Desde el 2005 vengo haciendo radio a mi bola, pero siempre acompañado. He compartido micrófonos con mis compadres Juanma Soriano, Alberto Ríos, Lemmy Feise, Víctor Segundo, Costalero Antón, Romu López, Jaime Parra, Víctor Martínez y un montón de gente que ha pasado como invitada por Oficina en Varsovia o Tímpanos y Luciérnagas. Incluso con Sebas Zaragoza, en un proyecto seminal de Tímpanos y Luciérnagas que llamamos Programa Piloto, en el que ya estábamos Romu, Jaime, Costalero y yo mismo y cuyo cuarto programa, en el que contamos con nuestro gurú, se grabó, pero nunca vio la luz.

 

Ahora, por fin, me he decidido a hacer un programa en solitario, sin compañeros, sin invitados, desde mi “oficina”. Es uno de los spin offs de Tímpanos y Luciérnagas, se llama ‘Hey Hey, My My’ y se estrena mañana a las 19 horas en Trémolo Radio. La primera entrega está grabada ya, estoy contento con la selección musical, dispersa y ambigua, pero como dice Costalero, de mi rollo. Aún tengo que pulir cosas en el aspecto técnico y en la locución, acomodarme a esta nueva situación, decidir si improviso o tiro de guión, cosas que iré decidiendo y cambiando, si es que soy capaz, sobre la marcha. Pero en términos generales, en este primer programa queda reflejado cómo van a ser los siguientes: un programa casero, murciano y “de autor”, de pocas palabras y muchas canciones, de ritmo lento y poco eufórico en la locución, mucho más serio de lo que algunos podrían imaginar.

 

Ya sabéis, los jueves a las 7 de la tarde, cada dos semanas, en la radio del Trémolo. Espero vuestros comentarios, críticas y cualquier tipo de feedback.

 

6.000 pesetas de whisky: 10 grupos que no son mis favoritos, pero podrían serlo

Es algo cíclico, no sé si de manera espontánea o promovido por alguna “mano negra”, cada cierto tiempo Facebook se llena de listas particulares de favoritos. Libros, películas, series, grupos… No es la primera vez, ni será la última. Ahora toca compartir selecciones de discos. Creo que empezó siendo algo así como “los 10 discos que más te han influido” y ha acabado transmutando a “tus 10 discos favoritos”. Hay ciertos matices que diferencian, o deberían diferenciar, el contenido de las mismas, pero esto ahora mismo no tiene mucha importancia.

 

Cualquiera que sea usuario habitual de redes sociales sabe cuál es la dinámica de estas cadenas: alguien te nomina, haces tu propio listado y lo publicas en tu perfil nominando a X personas más, con lo que la movida se difunde de forma exponencial por la red. Aunque alguna nominación aislada ha caído por ahí, yo no he hecho mi lista, no oficialmente al menos, me he limitado a contestar con lo que he denominado “lista de emergencia”. Y es que, lo digo continuamente, las listas me dan mucha pereza, me resulta incómodo acotar algo tan amplio y variado como la música.

 

Si en el caso de los mejores discos del año reconozco que algo bueno pueden tener, como recuperar trabajos dejados atrás o descubrir otros que se nos habían escapado durante el año (aunque no tanto como para compensar aspectos negativos como la obsesión por ordenar y jerarquizar la música o la programación y condicionamiento de nuestra “agenda musical”), me rebelo sin reparo alguno contra esta proliferación de relaciones musicales históricas. Porque, salvo contados casos, no suelen descubrir nada nuevo y por el contrario ponen de manifiesto algo que a mí personalmente me fastidia mucho asumir: ¡Nunca hay tiempo suficiente para escuchar toda la música que a uno le gustaría!

 

Y enlaza esto con un tema recurrente en mis textos, que algunos de los listados que he podido ver en los últimos días me han recordado, las “deudas pendientes”, las “6.000 pesetas de whisky que Torrente le debía eternamente a Antoñito (Cañita Brava)”, esos grupos que conoces desde hace muchísimo tiempo y que, a pesar de llamarte la atención, nunca llegas a prestarle la atención que merecen. Así que, por una vez y sin que sirva de precedente, dándole una pequeña vuelca de tuerca al asunto, no voy a quedarme al margen de la corriente, aquí va mi propia selección… pero al revés.

 

King Crimson
Pongo hoy la radio en el coche, suenan Fripp y compañía y yo me acuerdo de Antoñito… y de que tengo que terminar de escribir este texto. Extiéndase la deuda al rock progresivo en general.


Tortoise
Creo que el grupo de Chicago es el primero que me viene siempre a la cabeza cuando abordo este tema, pero su primer disco tiene ya 20 años y aún así nunca paso de esta primera puerta.

 

Jawbox
Llegué tarde a eso del post hardcore / rock DC y mi primera toma de contacto con J. Robbins fue con Burning Airlines, que me entusiasman, así que siempre que me da por recuperar los discos de este género y aquella época, me quedo a mitad del camino.

 

Neil Young
¿Neil Young? Alguien dirá que siempre estoy diciendo que Neil Young es Dios y mentira no es, pero ¿cuántos discos ha publicado este genio canadiense? ¿Cincuenta? ¿Más? No debería parar hasta conocerlos todos al dedillo.

 

Mudhoney
Esto no me voy a entretener en explicarlo, paso directamente a flagelarme.

 

Motörhead
“Lo siento mucho. Me he equivocado. No volverá a ocurrir”.

 

Camela
Bueno, no, en realidad he escuchado a Camela lo justo y necesario, que son las veces que he puesto el vídeo de “El calor de mi cuerpo” para demostrar que salen Ellos como figurantes. Pero sería un estupendo homenaje a mi barrio, donde son históricamente el grupo más escuchado con muchísima diferencia.

 

Ya, no son 10… ¿No te he dicho que me dan pereza las listas? Además, ¡ni que fuera este el blog de un gurú del Social Media!